sábado, 12 de octubre de 2013

Capítulo 4: No te necesito.

Hello, qué malota soy subiendo a las 3 de la mañana dios mío... No, en serio sorry pero es que he tenido cosas que hacer y no he podido subir antes. Este capítulo no es gran cosa pero prometo que a partir del próximo las cosas se irán poniendo más interesantes (MUAHAHA)
Gracias a las que me habéis comentado en los tres  (o eran dos?) capítulos anteriores! Me hacéis feliz ajaja. Bueno, pues eso que ya va hora de que me vaya a dormir y os deje en paz. (Por cierto, lo mismo me pienso subir otro capítulo el miércoles.)
Besitos! 



Habían pasado dos semanas desde que le partieron la cara a Danny y cada vez pasábamos más tiempo solos en casa. Nuestros padres se pasaban todo el día trabajando y cuando llegaban a casa quedaban con sus amigos y no les veíamos el pelo, por no mencionar que cada fin de semana los señores se iban de pingoneo.

Yo seguía con Lucas, ya llevábamos casi un mes. Qué hombre!

Estaba en la cocina preparándome algo de cenar cuando escuché la puerta de la calle abrirse. Me asomé pensando que serían Kathy y mi padre, pero no. Era Danny comiéndole la boca a una rubia.

Danny: ¿Subimos a mi cuarto?
**: Claro, vamos.

Subieron las escaleras en cero coma. Putos salidos... qué asco.

Después de flipar un rato y comerme parte del sándwich me puse a lavar los platos, aunque hoy le tocara al imbécil de Danny, pero bueno... Estaba demasiado ocupado como para hacerlo. Cuando ya estaba a punto de terminar escuché como Danny y la rubia bajaban las escaleras. Iban más relajados, habían descargado al parecer.

Danny: Bueno preciosa, nos vemos el lunes en clase -se dieron otro beso, PERO QUÉ EMPALAGOSOS DIOS- te echaré de menos
**: Jo, y yo Danny... -otro besito, dios...-

Se terminaron de despedir, o en mi idioma, de absorberse las babas y la rubia se fue. Dos segundos más tarde tenía a Danny en la cocina dándome la murga.

Danny: ¿Qué haces?
Lola: Practicando para las olimpiadas, ¿no has escuchado la nueva categoría de lavaplatos?
Danny: Pensaba que te ibas a presentar a la de voy de graciosa pero no tengo gracia.
Lola: Iba, pero no quería quitarte el primer puesto -le sonreí desde la pica-

Danny se sentó en la mesa de la cocina, mientras se comía lo que yo había dejado de sándwich.

Lola: Tú, que ese esa es mi cena!
Danny: Pues te haces otro que tengo hambre.

¿Le podía pegar ya?

Lola: Claro, es que tienes que estar agotado...
Danny: Es lo que tiene tener una vida sexual activa.
Lola: Lo único que tú tienes es cuento, niñato.
Danny: Y tú envidia, niñata -me imitó- Seguro que tu querido Lucas no te da lo que necesitas
Lola: Permíteme que ponga en duda tus palabras.
Danny: No sé, se te ve en la cara que estás necesitada

Hablar de estos temas ya me enervaba de por sí, pero si encima era con Danny me enervaba al cuadrado.

Lola: Qué ganas tengo que irme de esta puta casa.
Danny: Eso estamos deseando todos -me miró frío como el hielo- que te largues y no vuelvas
Lola: ¿Qué te crees que a mí me gusta verte las veinticuatro horas del día?
Danny: Más de lo que a mí me gusta verte a ti seguro.
Lola: Eres un puto gilipollas.
Danny: Yo por lo menos tengo amigos, sabes?

Se acercó a mí y me cogió de las  muñecas. Reconozco que con esa frase había dado donde dolía.

Danny: Eres insoportable!
Lola: Suéltame Danny... -lo dije relajada pero sus manos cada vez se acoplaban a mis muñecas con más rabia.
Danny: No te pienso soltar.
Lola: ¡QUE ME SUELTES DANNY JODER!
Danny: ¡ES QUE TE JURO QUE AHORA MISMO TE ESTAMPABA CONTRA LA PARED!

Esa frase estuvo repitiéndose en mi cabeza durante unos cuantos segundos después de que él la dejara escapar de su boca.

Lola: ¡PUES HAZLO! ¡HAZLO! 
Danny: Ganas me dan... -me soltó las muñecas bruscamente, aunque su mirada seguía fija sobre la mía- Ojalá...
Lola: Ojalá qué Danny?
Danny: Ojalá mi madre nunca hubiera conocido a tu padre.
Lola: Eso mismo deseo yo.

Salí de la cocina con la sangre hirviendo. Danny se había pasado, pero esto no acababa aquí. Dentro de un día o dos volveríamos a pelearnos por cualquier tontería y así iban a pasar, al parecer, los meses que quedaban antes de que yo me pudiera airear en casa de mi abuela.
Me encerré en mi habitación sin terminar de creerme lo que acababa de pasar. ¿Enserio habíamos llegado a ese punto? Una cosa es que nos cayéramos mal, y otra muy distinta era que llegáramos a insultarnos y amenazarnos... ¿Por qué no podía evitar sentirme sola?


Me encerré en mi habitación sin terminar de creerme lo que acababa de pasar. ¿Enserio habíamos llegado a ese punto? Una cosa es que nos cayéramos mal, y otra muy distinta era que llegáramos a insultarnos y amenazarnos...

En momentos así me sentía más sola que nunca.

Me levanté de madrugada y me fui a la cocina a por algo para matar la ansiedad. Algo de helado estaría bien. Veis, eso eran una de las cosas que me enamoraban de vivir en casa de los Jones, había helado todo el año. A Kathy le encantaba.

Danny's POV.

Llevaba toda la noche comiéndome la cabeza, y todo por la maldita niñata esa que me traía de culo. Sé que me había pasado mucho, pero no lo podía evitar... ¡me ponía de los nervios! Parece que le dé igual todo, si me llevo una rubia a casa se la pela, si me como su sándwich pasa de mí... ¡ES INSOPORTABLE! Intenté bajar a hablar con ella, pero no tenías ganas de volver a discutir así que no lo hice.

A la mañana siguiente me levanté más pronto de lo normal y bajé a pillar algo de desayunar.

Danny: Pero qué coño...

Cuando pasé por la puerta del salón me encontré con Lola acurrucada en el sofá, y con un enorme bol de helado, ya derretido, encima de la mesita del té.

Me acerqué con cuidado de no despertarla  y le tapé con una manta que mi madre siempre tenía en unos de los reposabrazos del sofá, y que ella ni había visto.

Danny: Maldita niña...

Me arrodillé delante de ella y le estiré bien la manta. Después, sin pretenderlo, me quedé embobado mirándola. De verdad que parecía otra persona cuando dormía...

Y sí señores, se despertó y me pilló allí, mirándola, como un puto gilipollas.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada, yo avergonzado de que me hubiera pillado así y ella sin entender qué hacía mirándola.

Lola: Buenos días.

Me levanté y me acerqué a la puerta del salón con la intención de ir a la cocina sin ni siquiera darle los buenos días. Sí, ese soy yo, un capullo.

Lola: Estupendo... -susurró-

Llevaba un rato en la cocina preparándome algo de desayunar cuando escuché como Lola hablaba por teléfono.

Lola: Es que me encuentro muy sola Lucas... -*****- Ya, pero si te pudieras pasar... -*****- ¿y esta noche? -*****- No te preocupes  -*****- Vale... -*****- ¿Solos? -*****- Como tú quieras -*****- Vale... -*****-  Y yo a ti Lucas -*****- Hasta mañana.

Salí de la cocina sin pensármelo dos veces.

Danny: ¿Solos? ¿No te estará obligando a hacer algo que no quieres, no? -me miró raro- Sí, desde la cocina se escucha lo que hablas por teléfono, vale?
Lola: ¿A ti qué más te da Danny? -parecía cansada-
Danny: Pues me da, porque como me entere de que ese cabrón te pone una mano encima...

Me interrumpió.

Lola: ¿Pero tú de qué vas? ¡me tienes harta! O sea me dices que Lucas, que es mi novio, -Remarcó esa última palabra- no puede tocarme, según tú,  y tú en cambio sí puedes decirme que me estamparías, verdad? -Me quedé callado- Es que no lo entiendo Danny -me miraba enfadada, con los ojos muy abiertos- Sé que no me soportas, pero es que yo tampoco te soporto a ti... no te soporto desde el primer día en que pisé esta casa -Esta conversación me sonaba- No hace falta que me recuerdes las veinticuatro horas del día que tienes ganas de perderme de vista porque yo también tengo ganas de perderte de vista a ti y tomar un respiro... Déjame en paz, por favor...
Danny: ¿Pero es que no lo entiendes? ¡Es que Lucas es un puto capullo Lola! Que te va a hacer daño...
Lola: ¿Pero y a ti desde cuándo coño te importa que a mí me hagan daño? Déjame vivir, si me meto la ostia ya me levantaré! No te necesito, no te hagas el hermanito guay y protector porque no me va ese royo... Voy a hacer lo que me da la gana, te pongas como te pongas.
Danny: Te arrepentirás...
Lola: Puede, pero tranquilo que no te iré a llorar si es lo que te preocupa

Y allí acabó la conversación. Ella siempre tenía que tener la última palabra.

viernes, 4 de octubre de 2013

Capítulo 3: Si yo pringo, tú pringas conmigo.

Hello! Aquí estoy mi primer viernes en este fic. Bueno, por si no lo había dicho, subiré cada viernes, aunque si preferís algún otro día me lo podéis poner en los comentarios  Gracias a las que han dicho en twitter que os gusta :) Ahora a leer y a disfrutar del finde.
Besitos! :333



Kathy: ¡Buenos días!

Estaba tan ansiosa de saber la respuesta de mi padre que ni siquiera me percaté de que Kathy me acababa de saludar.

Lola: Papá… ¿has pensado en eso?
Jeremy: Sí, lo he estado hablando con Kathy y -tomó aire y pensó dos veces antes de decirlo- los dos estamos de acuerdo en que sería una buena idea que fueras a ayudar a la abuela.

*SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII*

Lola: ¡GENIAL!
Jeremy: pero con una condición…

Ya decía yo…

Jeremy: Te irás en nueve meses, justo cuando acabes el curso.
Lola: Si no hay más remedio… Trato hecho.

Y feliz me di la vuelta y bajé a mi “habitación”, el único sitio de la casa dónde me sentía realmente cómoda o al menos hasta que picaron a la puerta y Danny asomó cabeza.

Lola: ¿Qué cojones quieres tú ahora?
Danny: Mira payasa, no estoy aquí viendo tu cara porque me apetezca, vale?
Lola: Entonces, fuera.
Danny: Mi madre y tu padre han dicho que vayamos a hacer la compra.
Lola: ¿Eso es todo?
Danny: Sí..
Lola: Vale, pues no quiero.
Danny: Yo solo no puedo con todo.
Lola: Pues llama a tus amigos, ¿a mí que me cuentas?
Danny: ¿De verdad quieres cabrear a tu padre y que no te deje ir con tu abuela?

Me quedé pensativa durante unos segundos y caí en la cuenta de que el pecoso repelente tenía razón. No me sería nada favorable alimentar la posible futura indecisión de mi padre.

Lola: Un minuto y salgo.

El camino hacia el supermercado se me hizo eterno. Ninguno decía ni una palabra, ni siquiera él que no se callaba ni debajo del agua, al parecer el odio era mutuo.

Danny: ¿Has cogido mantequilla de cacahuete?
Lola: Sí.
Danny: ¿Y chicles de melón?
Lola: He cogido todo lo que ponía en tu lista.
Danny: Perfecto.

Me sonrió, pero no de esas sonrisas de agradecimiento, sino de esas cargadas de superioridad con la que pretendía hacerme sentir inferior.

Cuando entramos en casa no había nadie, al parecer habían salido a pasar el día en casa de la hermana de Kathy mientras me obligaban a  soportar a aquella cosa.

Danny: Bueno, ahora lo ordenas tú, vale? que yo he quedado.
Lola: De eso nada listo.
Danny: ¿Cómo?
Lola: Que si yo pringo, tú pringas conmigo.
Danny:  ¿No querrás enfadar a tu padre, no?
Lola: Deja ya el puto chantaje porque no te va a servir de nada.
Danny: ¿Estás segura?
Lola: Segurísima.

Y me encerré en el lavabo para darme una ducha porque lo necesitaba, no es que apestara ni nada por el estilo, es simplemente que necesitaba un momento  a solas conmigo misma para relajarme y alejarme de los malos royos con Danny que aumentaban cada vez que nos cruzábamos por casa.

Cuando abrí la puerta, cubierta por el albornoz, y me dispuse a bajar cagándome en los metros que me quedaban por recorrer hasta llegar hasta el sótano, me topé con Danny.

¿PERO ES QUE ESTE CHICO NO TENÍA OTRA COSA MÁS QUE HACER QUE PASEARSE POR TODA LA CASA?

Danny: ¿Se puede saber qué haces con mi albornoz puesto?
Lola: He salido de la ducha y no había ninguna toalla.
Danny: Pues quédatelo porque a mí ya me da asco.
Lola: Gracias.
Danny: ¿Es que no me vas a seguir las broncas?
Lola: Ahora no me apetece, pero... quizás después... si eso.

Le guiñé un ojo y me sacudí el pelo dejándole cubierto de agua y rechistando, pero el señor no iba a parar, no. Él siempre tenía ganas de juerga, por lo que me siguió hasta la puerta del sótano.

Danny: No me vas a volver loco, sabes?
Lola: ¿A qué te refieres?
Danny: A que me tienes arto, que vienes a mi casa y ya te crees alguien.
Lola: Yo soy alguien.
Danny: ¡¿Lo ves?! Siempre tienes una palabra para dejarme mal, y nadie en toda mi vida me ha tratado así, y te aseguro que  no voy a permitir que tú seas la primera.
Lola: Vaaaaya, así que al señorito nadie le trata mal, ¿verdad? Pues conmigo ese rollo no funciona majo.
Danny: Acabarás cambiando de opinión te lo aseguro.
Lola: ¿Tú crees?

Yo me miraba en un viejo espejo que había apoyado en la pared mientras me secaba el pelo con una toalla medio roída.

Danny: No lo creo, lo sé.

Mientras él me miraba con furia desde la puerta, yo podía ver su reflejo en el espejo y ver como no apartaba el ojo de mí.

Lola: ¿Y cómo lo vas a hacer campeón?
Danny: Enamorándote.

¿EnamoQUÉ? Me giré de golpe con una mirada que no transmitía nada, y sin poderlo evitar me comencé a descojonar en su cara.

Lola: JAJAJAJAJAJAJAJA ¡ostia que bueno eres Danny!
Danny: A mí no me hace ni puta gracia.

Su mirada era capaz de inspirar una de las novelas más terroríficas de todos los tiempos.

Lola: A mí sí jajajajaja.
Danny: Te aseguro que no te hará tanta gracia dentro de nueve meses.
Lola: ¿Qué se supone que pasará en nueve meses? ¿me vas a dejar preñada? Jajajajaja
Danny: Que estarás tan enamorada de mí que no te querrás ir.
Lola: ¿Tú eres muy flipado, verdad?
Danny: Cambiarás de opinión, te lo aseguro. –Mostró una sonrisa con la que me dejó ver la gran confianza que tenía en sí mismo.-
Lola: ¿Seguro?

Me fui acercando a él poco a poco hasta que mis manos se apoyaron en su pecho, cubierto por una camiseta azul cielo.

Danny: Lo ves...
Lola: ¿Sabes lo que tengo ganas de hacer ahora? –Me mordí el labio y al parecer eso le gustó.-
Danny: ¿El qué?
Lola: Pues… -Me acerqué más a él- ECHARTE IDIOTA! JAJAJAJA


Con las manos ,aún apoyadas en su pecho, le empujé y hice que saliera de la habitación. Cerré la puerta con una sonrisa en la cara. ¿De verdad era tan ingenuo de pensar eso?

(…)

Un mes había pasado y las cosas en casa no habían cambiado mucho. Vicky seguía desaparecida en casa de su novio, mi padre y Kathy se iban cada fin de semana por ahí y Danny y yo seguíamos sin soportarnos. Su plan no estaba saliendo precisamente como él esperaba. Yo en cambio... Bueno, digamos que las cosas son un poco diferentes. Una semana después de que Danny soltara aquella estupidez por la boca conocí a un chico. Lucas.

Era uno de estos tíos a los que ves de lejos y no te inspiran confianza, pero que en cuanto lo conoces te das cuenta de que es totalmente diferente a cómo aparenta ser. Es moreno, con los ojos azul eléctrico. Tiene como unos nueve tatuajes en total, y sus dilataciones hacen de él un chico de esos… de bandera.

Era viernes, por lo que mi padre y Kathy acababan de salir por la puerta para pasar todo el fin de semana fuera, dejándome vía libre para salir con Lucas. Cogí mi chaqueta y me dispuse a salir pero Danny me cerró la puerta. Me giré y me lo encontré sin camiseta. En pleno diciembre. 

Este chico era gilipollas de verdad.

Lola: ¿Qué cojones haces?
Danny: ¿Dónde vas?
Lola: No te importa.
Danny: ¿Vas con el chungo ese? -Se creería que era mi padre en aquel momento o algo el muy…-
Lola: Sí, y ahora si no te importa…

Cogí el brazo con el que sujetaba la puerta y lo aparté, pero el muy plasta volvió a insistir.

Danny: No me gusta.
Lola: ¿No? Joder, de verdad… que pena.
Danny: Va en serio, no se le ve trigo limpio.
Lola: A lo mejor lo que te jode es que no se parezca en nada a ti.
Danny: Dame un mes más y te tendré comiendo de la palma de mi mano.
Lola: Lo que tú digas Danny.

Solté una carcajada y salí de allí.

Después de pasar toda la tarde con Lucas, volví a casa y nada más entrar me encontré con algo que no pensaba encontrarme.

Lola: ¡¿Qué te ha pasado?!

Danny estaba saliendo de  la cocina con una bolsa de guisantes conjelados en un ojo.

Danny: Nada…
Lola: ¿Cómo que nada? ¡Tienes un puto ojo morado!
Danny: Déjame.

Subió a su habitación dejándome con la palabra en la boca, pero lo que él no se esperaba era que yo fuese a subir detrás de él.

Lola: ¡Tú, gilipollas! ¡Ábreme la puerta!

Me abrió y pude ver como su mirada expresaba cansancio y desánimo. Entré en lo que fue mi habitación y me senté en su cama.

Lola: Explícame qué te ha pasado.
Danny: Me he peleado.
Lola: ¿Con quién?
Danny: Con uno…
Lola: ¿Pero se puede saber qué coño le has dicho para que te haga eso?
Danny: Yo no he dicho nada…
Lola: No claaaaaro, tú eres un santo guapetón. Así te va.
Danny: Eres una puta niñata…
Lola: ¿Por qué? ¿Por decirte las verdades a la cara?
Danny: Cállate..
Lola: ¿Por qué tú lo digas?
Danny: ¡NO! ¡PORQUE ME HE PEGADO PARA DEFENDERTE DESAGRADECIDA! –Se acercó mucho a mí y yo me sobresalté por sus gritos.-

No, eso era lo último que me esperaba.

Lola: ¿Defenderme de quién?
Danny: De un gilipollas de segundo al que he pillado chuleando de que había follado contigo.
Lola: ¡¿Que había follado conmigo?! ¡PERO ESO ES MENTIRA!
Danny: Que ya lo sé joder… Por eso te he defendido, pero al parecer el puto enano tenía más fuerza de lo que parecía…
Lola: ¿Y por qué llevas el ojo morado?
Danny: Sí... menudos puños calza.
Lola: Joder, yo... -no sabía que decirle-  Gracias.
Danny: No tienes por qué darlas…
Lola: ¿Qué no? ¿Pero tú te has visto?
Danny: Anda vete a tu cuarto que quiero descansar.
Lola: Vale...

Me di la vuelta y salí de su habitación.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 2: Me voy.

Bueno, que hasta ahora no me había presentado :') Me llamo Susana (@layyysu en twitter) y... como metroblog va como el orto pues he decidido subir esta historia que empecé a escribir en verano aquí. Pues... eso que espero que os guste y que la disfrutéis aunque sea un pelín :3 kisses!



Las horas en el instituto pasaron volando. Es increíble lo divertidas que pueden llegar a ser las clases cuando pasas de la cara de la profesora y te las pasas escuchando música.

A la hora de volver a casa intento coger el turbo pero Danny me sigue de nuevo. Que pesado llegaba a ser, dios mío.

Danny: Hola –sonríe-
Lola: Ei

Mi euforia por las relaciones sociales a veces me sorprendían y todo, de lo amplia que podía llegar a ser.

Danny: Pues parece que va a llover, ¿no?
Lola: ¿Me ves cara de tía del tiempo?
Danny: Puede
Lola: Bfff….

Sigo andando pero nada, él no se rinde.

Danny: ¿Por qué eres así?

Buena pregunta.

Lola: No sé, cuando salí de la fresita de mi mamá ya era así. ¿Y tú?
Danny: Enserio.
Lola: Porque me da la gana.
Danny: No tienes motivos, creo que me porto bien contigo.
Lola: Nadie te ha dicho que lo hagas, te lo puedes ahorrar.
Danny: Eso díselo a mi madre.
Lola: Mira tío déjate de royos, si tu madre quiere que seamos “amigos” lo seremos, pero delante de ella. No me gusta ser una falsa, así que no te voy a tratar como si fueses mi hermanito del alma.
Danny: Nunca le había caído mal a nadie, ¿sabes?
Lola: Pues siéntete afortunado, porque esta experiencia no se te va a olvidar nunca.

¿PERO EL CAMINO A CASA ERA ETERNO O QUÉ?

Danny: Lo tuyo es la ironía eh.
Lola: Punto para ti. –Me pongo a aplaudir- ¡Eres muy listo!
Danny: No me hace gracia.
Lola: A mí sí.
Danny: pff….

Danny entró en casa y yo le seguí. Para mi sorpresa no había nadie, así que subí. ¿Para qué? Para encontrarme la puerta de la habitación cerrada.

Lola: ¡DANNY ABRE LA MALDITA PUERTA!
Danny: No
Lola: Eres un gilipollas –susurro-
Danny: Y tú una puta niñata.

Vaya, buen oído Jones.

Lola: CÁLLATE IMBÉCIL

Se escuchan unos pasos y un segundo más tarde me abre la puerta, pero su intención de no dejarme pasar sigue ahí.

Danny: No, cállate tú estúpida. Esta no es tu casa, ¿te acuerdas? Así que aquí las normas las pongo yo. ¿Pero tú qué te crees? Llevo dos días intentando ser simpático contigo pero tú lo único que haces es pasar de mí, y encima dejarme como una mierda. Si no quieres que te moleste, tranquila porque no lo haré. Me verás poco, te lo prometo. Pero te quiero fuera de mi habitación ya.

Todas las palabras y cosas que le quería gritar en aquel momento se acababan de quedar  en eso. En simples pensamientos que no tenían iban a salir de mi boca. Entré a su habitación y recogí lo poco que tenía en ella, ante su atenta mirada de desprecio. En aquel momento tenía de ganas de llorar, pero no le iba a dar ese gusto. Yo no lloraba delante de nadie y menos delante de un gilipollas como él.

Mi padre y Kathy no estaban. Se habían ido a pasar el fin de semana a un hotel. Así sin avisar si quiera.

¿Dónde se supone que tenía de dormir? ¿En el sofá?

Negándome rotundamente a destrozarme los huesos en ese mugriento sofá, decidí encontrar una habitación donde, al menos, poder quedarme durante esas dos noches que tardaría en decirle a mi padre que no soportaba a ese niñato.

La verdad, es que no conocía mucho la casa, por no decir nada, y buscando encontré unas escaleritas que daban a un pequeño desván. ¿Qué tipo de gente tenía un desván en casa? Eso solo formaba parte de las típicas casas americanas, pero en Inglaterra…no lo había visto en mi vida.

El caso es que entré con todas mis cosas a cuestas y me acomodé. Estaba todo manga por hombro, había un colchón apoyado en la pared, una vieja mesa de billar y un par de guitarras mancas de alguna cuerda, y todo alumbrado por unos fluorescentes medio gastados. Cabe mencionar que todo ello estaba cubierto por quilo y medio de mierda.

Durante dos largas horas me dediqué a acondicionar un poco aquello y no se me dio nada mal, ya casi se podía respirar y todo.

Subí a la planta de arriba en busca de un par de mantas para no morirme de frío en mi nueva habitación.
Como si me hubiera olido, Danny salió de su cuarto.

Danny: ¿Qué buscas?

No le hice ni caso y seguí rebuscando en los armarios de mi padre.

Danny: ¿Me has escuchado?
Lola: aquí están.

Cargue con las tres mantas polares que guardaba mi padre en su armario y sin apenas ver nada hice el intento de bajar las escaleras bajo la atenta mirada de Danny. Digo que hice el intento porque con mi torpeza no era de extrañar que en el tercer escalón cayera rodando.

Danny: ¡LOLA!

Bajó las escaleras prácticamente de un salto y con los ojos fuera de las órbitas. Yo seguía sin poder moverme.

Danny: que susto… ¿estás bien?

Me di la vuelta y le miré.

Lola: sí, las mantas han amortiguado la caída. –Sonreí-
Danny: bonita sonrisa, que pena que no la saques nunca.
Lola: sí, una pena.

Me levanté con su ayuda y cuando ya me iba a marchar me llamó.

Danny: ¡Lola!
Lola: ¿Qué?
Danny: siento lo de antes, yo…
Lola: Me voy a mi habitación.

Y le dejé ahí plantado con cara de imbécil y con el perdón en los labios. No me caía bien, y después de lo que me había dicho no iba a perder el tiempo con él.

El fin de semana pasó y por fin papá y Kathy llegaron a casa.

Lola: papá… ¿podemos hablar un segundo?
Jeremy: claro hija...

No sentamos en la mesa de la cocina y empecé mi discurso.

Lola: mira papá voy a ir al grano, no soporto a Danny, hoy he discutido con él y me ha echado de su habitación el muy –me miró mal- gilipollas papá, ese niño es gilipollas.
Jeremy: ¡Esa boca!
Lola: está bien… bueno, que yo… solo quería decirte que me voy.
Jeremy: ¿Que te vas a dónde?
Lola: con la abuela, a vivir.
Jeremy: ¿qué dices? ¿te has vuelto loca?
Lola: No. Es más, hablé con ella ayer y me dijo que ya no ve muy bien y necesita ayuda para cocina y para limpiar, y había pensado que yo podría ayudarle.
Jeremy:
Lola: papá han sido muchos cambios en poco tiempo, por favor dame un tiempo para respirar.
Jeremy: Mañana lo hablamos tranquilamente, ¿de acuerdo?.
Lola: Vale… buenas noches.
Jeremy: Buenas noches hija.

Salí de la cocina cerrando la puerta corredera detrás de mí. Y encontrándome a Danny mirándome fijamente.

Danny: ¿Por qué te quieres ir?
Lola: ¿qué haces espiando?
Danny: he preguntado yo primero.
Lola: ¿no has escuchado el principio de la conversación? –negó- no te aguanto Danny. Esa es la razón por la que no quiero vivir aquí, porque no quiero aguantarte, y tampoco voy a hacer que tú me aguantes a mí.
Danny: vaya que considerada te has vuelto de repente…
Lola: deja la ironía porque no es lo tuyo.
Danny: si es por lo de la habitación… puedes volver.
Lola: no quiero, gracias.
Danny: bueno, si quieres te puedes quedar en la de mi hermana, porque desde que se ha echado novio en Manchester no pisa esta casa.
Lola: estoy bien en el desván.
Danny: ¿entonces?
Lola: el problema eres tú.
Danny: perdona que me oponga, pero el problema eres tú, eres insoportable.
Lola: ¿yo? No me hagas reír.
Danny: desde que llegaste no has hecho más que dar problemas. Siempre tienes pegas para todo, nadie te cae bien si no pertenece a tu mundo, y parece ser que ese mundo está cerrado con llave; nunca te enfrentas a los problemas. Si hay algo que no te gusta simplemente sales corriendo, y por no hablar de tu carácter que no podría ser más agrio… ¿enserio piensas que sigo siendo yo el problema? Porque quizás te vendría bien hacer un poco de auto crítica.

Se había quedado contento el niño.

Lola: ¿has terminado?
Danny: Podría estar hablando toda la noche, pero te acabarías cansando.
Lola: No te engañes, tú sola presencia ya me agota.
Danny: Pues entonces no sé a qué esperas para largarte.
Lola: eso es precisamente lo que quiero, pero dependo de mi padre.
Danny: pues espero que te diga que sí para poder perderte de vista.
Lola: lo mismo digo.

Me giré y me fui dirección al sótano.

Danny: ¡Lola!

¿Es que acaso tenía más ganas de seguir discutiendo?

Lola: vete a la mierda imbécil.


Esa noche me costó dormirme, y todo debido a la ansiedad que me provocaba saber la respuesta que me daría mi padre sobre lo de irme de allí.