Hello, qué malota soy subiendo a las 3 de la mañana dios mío... No, en serio sorry pero es que he tenido cosas que hacer y no he podido subir antes. Este capítulo no es gran cosa pero prometo que a partir del próximo las cosas se irán poniendo más interesantes (MUAHAHA)
Gracias a las que me habéis comentado en los tres (o eran dos?) capítulos anteriores! Me hacéis feliz ajaja. Bueno, pues eso que ya va hora de que me vaya a dormir y os deje en paz. (Por cierto, lo mismo me pienso subir otro capítulo el miércoles.)
Besitos!
Habían
pasado dos semanas desde que le partieron la cara a Danny y cada vez pasábamos
más tiempo solos en casa. Nuestros padres se pasaban todo el día trabajando y
cuando llegaban a casa quedaban con sus amigos y no les veíamos el pelo, por no
mencionar que cada fin de semana los señores se iban de pingoneo.
Yo seguía
con Lucas, ya llevábamos casi un mes. Qué hombre!
Estaba en la
cocina preparándome algo de cenar cuando escuché la puerta de la calle abrirse.
Me asomé pensando que serían Kathy y mi padre, pero no. Era Danny comiéndole la
boca a una rubia.
Danny:
¿Subimos a mi cuarto?
**: Claro,
vamos.
Subieron las
escaleras en cero coma. Putos salidos... qué asco.
Después de
flipar un rato y comerme parte del sándwich me puse a lavar los platos, aunque
hoy le tocara al imbécil de Danny, pero bueno... Estaba demasiado ocupado como
para hacerlo. Cuando ya estaba a punto de terminar escuché como Danny y la
rubia bajaban las escaleras. Iban más relajados, habían descargado al parecer.
Danny: Bueno
preciosa, nos vemos el lunes en clase -se dieron otro beso, PERO QUÉ
EMPALAGOSOS DIOS- te echaré de menos
**: Jo, y yo
Danny... -otro besito, dios...-
Se
terminaron de despedir, o en mi idioma, de absorberse las babas y la rubia se
fue. Dos segundos más tarde tenía a Danny en la cocina dándome la murga.
Danny: ¿Qué
haces?
Lola:
Practicando para las olimpiadas, ¿no has escuchado la nueva categoría de
lavaplatos?
Danny:
Pensaba que te ibas a presentar a la de voy de graciosa pero no tengo gracia.
Lola: Iba,
pero no quería quitarte el primer puesto -le sonreí desde la pica-
Danny se
sentó en la mesa de la cocina, mientras se comía lo que yo había dejado de
sándwich.
Lola: Tú,
que ese esa es mi cena!
Danny: Pues
te haces otro que tengo hambre.
¿Le podía
pegar ya?
Lola: Claro,
es que tienes que estar agotado...
Danny: Es lo
que tiene tener una vida sexual activa.
Lola: Lo
único que tú tienes es cuento, niñato.
Danny: Y tú
envidia, niñata -me imitó- Seguro que tu querido Lucas no te da lo que
necesitas
Lola: Permíteme
que ponga en duda tus palabras.
Danny: No
sé, se te ve en la cara que estás necesitada
Hablar de
estos temas ya me enervaba de por sí, pero si encima era con Danny me enervaba
al cuadrado.
Lola: Qué
ganas tengo que irme de esta puta casa.
Danny: Eso
estamos deseando todos -me miró frío como el hielo- que te largues y no vuelvas
Lola: ¿Qué
te crees que a mí me gusta verte las veinticuatro horas del día?
Danny: Más
de lo que a mí me gusta verte a ti seguro.
Lola: Eres
un puto gilipollas.
Danny: Yo
por lo menos tengo amigos, sabes?
Se acercó a
mí y me cogió de las muñecas. Reconozco
que con esa frase había dado donde dolía.
Danny: Eres
insoportable!
Lola:
Suéltame Danny... -lo dije relajada pero sus manos cada vez se acoplaban a mis
muñecas con más rabia.
Danny: No te
pienso soltar.
Lola: ¡QUE
ME SUELTES DANNY JODER!
Danny: ¡ES
QUE TE JURO QUE AHORA MISMO TE ESTAMPABA CONTRA LA PARED!
Esa frase
estuvo repitiéndose en mi cabeza durante unos cuantos segundos después de que
él la dejara escapar de su boca.
Lola: ¡PUES
HAZLO! ¡HAZLO!
Danny: Ganas
me dan... -me soltó las muñecas bruscamente, aunque su mirada seguía fija sobre
la mía- Ojalá...
Lola: Ojalá
qué Danny?
Danny: Ojalá
mi madre nunca hubiera conocido a tu padre.
Lola: Eso
mismo deseo yo.
Salí de la
cocina con la sangre hirviendo. Danny se había pasado, pero esto no acababa aquí.
Dentro de un día o dos volveríamos a pelearnos por cualquier tontería y así
iban a pasar, al parecer, los meses que quedaban antes de que yo me pudiera
airear en casa de mi abuela.
Me encerré
en mi habitación sin terminar de creerme lo que acababa de pasar. ¿Enserio
habíamos llegado a ese punto? Una cosa es que nos cayéramos mal, y otra muy
distinta era que llegáramos a insultarnos y amenazarnos... ¿Por qué no podía
evitar sentirme sola?
Me encerré
en mi habitación sin terminar de creerme lo que acababa de pasar. ¿Enserio
habíamos llegado a ese punto? Una cosa es que nos cayéramos mal, y otra muy
distinta era que llegáramos a insultarnos y amenazarnos...
En momentos
así me sentía más sola que nunca.
Me levanté
de madrugada y me fui a la cocina a por algo para matar la ansiedad. Algo de
helado estaría bien. Veis, eso eran una de las cosas que me enamoraban de vivir
en casa de los Jones, había helado todo el año. A Kathy le encantaba.
Danny's POV.
Llevaba toda
la noche comiéndome la cabeza, y todo por la maldita niñata esa que me traía de
culo. Sé que me había pasado mucho, pero no lo podía evitar... ¡me ponía de los
nervios! Parece que le dé igual todo, si me llevo una rubia a casa se la pela,
si me como su sándwich pasa de mí... ¡ES INSOPORTABLE! Intenté bajar a hablar
con ella, pero no tenías ganas de volver a discutir así que no lo hice.
A la mañana
siguiente me levanté más pronto de lo normal y bajé a pillar algo de desayunar.
Danny: Pero
qué coño...
Cuando pasé
por la puerta del salón me encontré con Lola acurrucada en el sofá, y con un
enorme bol de helado, ya derretido, encima de la mesita del té.
Me acerqué
con cuidado de no despertarla y le tapé
con una manta que mi madre siempre tenía en unos de los reposabrazos del sofá,
y que ella ni había visto.
Danny: Maldita niña...
Me arrodillé
delante de ella y le estiré bien la manta. Después, sin pretenderlo, me quedé
embobado mirándola. De verdad que parecía otra persona cuando dormía...
Y sí
señores, se despertó y me pilló allí, mirándola, como un puto gilipollas.
Durante unos
segundos ninguno de los dos dijo nada, yo avergonzado de que me hubiera pillado
así y ella sin entender qué hacía mirándola.
Lola: Buenos
días.
Me levanté y
me acerqué a la puerta del salón con la intención de ir a la cocina sin ni
siquiera darle los buenos días. Sí, ese soy yo, un capullo.
Lola:
Estupendo... -susurró-
Llevaba un
rato en la cocina preparándome algo de desayunar cuando escuché como Lola
hablaba por teléfono.
Lola: Es que
me encuentro muy sola Lucas... -*****- Ya, pero si te pudieras pasar... -*****-
¿y esta noche? -*****- No te preocupes -*****-
Vale... -*****- ¿Solos? -*****- Como tú quieras -*****- Vale... -*****- Y yo a ti Lucas -*****- Hasta mañana.
Salí de la
cocina sin pensármelo dos veces.
Danny:
¿Solos? ¿No te estará obligando a hacer algo que no quieres, no? -me miró raro-
Sí, desde la cocina se escucha lo que hablas por teléfono, vale?
Lola: ¿A ti
qué más te da Danny? -parecía cansada-
Danny: Pues
me da, porque como me entere de que ese cabrón te pone una mano encima...
Me
interrumpió.
Lola: ¿Pero
tú de qué vas? ¡me tienes harta! O sea me dices que Lucas, que es mi novio,
-Remarcó esa última palabra- no puede tocarme, según tú, y tú en cambio sí puedes decirme que me
estamparías, verdad? -Me quedé callado- Es que no lo entiendo Danny -me miraba
enfadada, con los ojos muy abiertos- Sé que no me soportas, pero es que yo
tampoco te soporto a ti... no te soporto desde el primer día en que pisé esta
casa -Esta conversación me sonaba- No hace falta que me recuerdes las veinticuatro
horas del día que tienes ganas de perderme de vista porque yo también tengo
ganas de perderte de vista a ti y tomar un respiro... Déjame en paz, por
favor...
Danny: ¿Pero
es que no lo entiendes? ¡Es que Lucas es un puto capullo Lola! Que te va a
hacer daño...
Lola: ¿Pero
y a ti desde cuándo coño te importa que a mí me hagan daño? Déjame vivir, si me
meto la ostia ya me levantaré! No te necesito, no te hagas el hermanito guay y
protector porque no me va ese royo... Voy a hacer lo que me da la gana, te
pongas como te pongas.
Danny: Te
arrepentirás...
Lola: Puede,
pero tranquilo que no te iré a llorar si es lo que te preocupa
Y allí acabó
la conversación. Ella siempre tenía que tener la última palabra.