Bueno, que hasta ahora no me había presentado :') Me llamo Susana (@layyysu en twitter) y... como metroblog va como el orto pues he decidido subir esta historia que empecé a escribir en verano aquí. Pues... eso que espero que os guste y que la disfrutéis aunque sea un pelín :3 kisses!
Las horas en
el instituto pasaron volando. Es increíble lo divertidas que pueden llegar a
ser las clases cuando pasas de la cara de la profesora y te las pasas
escuchando música.
A la hora de
volver a casa intento coger el turbo pero Danny me sigue de nuevo. Que pesado
llegaba a ser, dios mío.
Danny: Hola
–sonríe-
Lola: Ei
Mi euforia
por las relaciones sociales a veces me sorprendían y todo, de lo amplia que
podía llegar a ser.
Danny: Pues
parece que va a llover, ¿no?
Lola: ¿Me
ves cara de tía del tiempo?
Danny: Puede
Lola: Bfff….
Sigo andando
pero nada, él no se rinde.
Danny: ¿Por
qué eres así?
Buena
pregunta.
Lola: No sé,
cuando salí de la fresita de mi mamá ya era así. ¿Y tú?
Danny:
Enserio.
Lola: Porque
me da la gana.
Danny: No
tienes motivos, creo que me porto bien contigo.
Lola: Nadie
te ha dicho que lo hagas, te lo puedes ahorrar.
Danny: Eso
díselo a mi madre.
Lola: Mira
tío déjate de royos, si tu madre quiere que seamos “amigos” lo seremos, pero
delante de ella. No me gusta ser una falsa, así que no te voy a tratar como si
fueses mi hermanito del alma.
Danny: Nunca
le había caído mal a nadie, ¿sabes?
Lola: Pues
siéntete afortunado, porque esta experiencia no se te va a olvidar nunca.
¿PERO EL CAMINO
A CASA ERA ETERNO O QUÉ?
Danny: Lo
tuyo es la ironía eh.
Lola: Punto
para ti. –Me pongo a aplaudir- ¡Eres muy listo!
Danny: No me
hace gracia.
Lola: A mí
sí.
Danny: pff….
Danny entró
en casa y yo le seguí. Para mi sorpresa no había nadie, así que subí. ¿Para
qué? Para encontrarme la puerta de la habitación cerrada.
Lola: ¡DANNY
ABRE LA MALDITA PUERTA!
Danny: No
Lola: Eres
un gilipollas –susurro-
Danny: Y tú
una puta niñata.
Vaya, buen
oído Jones.
Lola:
CÁLLATE IMBÉCIL
Se escuchan
unos pasos y un segundo más tarde me abre la puerta, pero su intención de no
dejarme pasar sigue ahí.
Danny: No,
cállate tú estúpida. Esta no es tu casa, ¿te acuerdas? Así que aquí las normas
las pongo yo. ¿Pero tú qué te crees? Llevo dos días intentando ser simpático
contigo pero tú lo único que haces es pasar de mí, y encima dejarme como una
mierda. Si no quieres que te moleste, tranquila porque no lo haré. Me verás
poco, te lo prometo. Pero te quiero fuera de mi habitación ya.
Todas las
palabras y cosas que le quería gritar en aquel momento se acababan de
quedar en eso. En simples pensamientos
que no tenían iban a salir de mi boca. Entré a su habitación y recogí lo poco
que tenía en ella, ante su atenta mirada de desprecio. En aquel momento tenía
de ganas de llorar, pero no le iba a dar ese gusto. Yo no lloraba delante de
nadie y menos delante de un gilipollas como él.
Mi padre y
Kathy no estaban. Se habían ido a pasar el fin de semana a un hotel. Así sin
avisar si quiera.
¿Dónde se
supone que tenía de dormir? ¿En el sofá?
Negándome
rotundamente a destrozarme los huesos en ese mugriento sofá, decidí encontrar una
habitación donde, al menos, poder quedarme durante esas dos noches que tardaría
en decirle a mi padre que no soportaba a ese niñato.
La verdad,
es que no conocía mucho la casa, por no decir nada, y buscando encontré unas
escaleritas que daban a un pequeño desván. ¿Qué tipo de gente tenía un desván
en casa? Eso solo formaba parte de las típicas casas americanas, pero en
Inglaterra…no lo había visto en mi vida.
El caso es
que entré con todas mis cosas a cuestas y me acomodé. Estaba todo manga por
hombro, había un colchón apoyado en la pared, una vieja mesa de billar y un par
de guitarras mancas de alguna cuerda, y todo alumbrado por unos fluorescentes
medio gastados. Cabe mencionar que todo ello estaba cubierto por quilo y medio
de mierda.
Durante dos
largas horas me dediqué a acondicionar un poco aquello y no se me dio nada mal,
ya casi se podía respirar y todo.
Subí a la
planta de arriba en busca de un par de mantas para no morirme de frío en mi
nueva habitación.
Como si me
hubiera olido, Danny salió de su cuarto.
Danny: ¿Qué
buscas?
No le hice
ni caso y seguí rebuscando en los armarios de mi padre.
Danny: ¿Me
has escuchado?
Lola: aquí
están.
Cargue con
las tres mantas polares que guardaba mi padre en su armario y sin apenas ver
nada hice el intento de bajar las escaleras bajo la atenta mirada de Danny.
Digo que hice el intento porque con mi torpeza no era de extrañar que en el
tercer escalón cayera rodando.
Danny:
¡LOLA!
Bajó las
escaleras prácticamente de un salto y con los ojos fuera de las órbitas. Yo
seguía sin poder moverme.
Danny: que
susto… ¿estás bien?
Me di la
vuelta y le miré.
Lola: sí,
las mantas han amortiguado la caída. –Sonreí-
Danny: bonita
sonrisa, que pena que no la saques nunca.
Lola: sí,
una pena.
Me levanté
con su ayuda y cuando ya me iba a marchar me llamó.
Danny:
¡Lola!
Lola: ¿Qué?
Danny: siento
lo de antes, yo…
Lola: Me voy
a mi habitación.
Y le dejé
ahí plantado con cara de imbécil y con el perdón en los labios. No me caía
bien, y después de lo que me había dicho no iba a perder el tiempo con él.
El fin de
semana pasó y por fin papá y Kathy llegaron a casa.
Lola: papá…
¿podemos hablar un segundo?
Jeremy:
claro hija...
No sentamos
en la mesa de la cocina y empecé mi discurso.
Lola: mira
papá voy a ir al grano, no soporto a Danny, hoy he discutido con él y me ha
echado de su habitación el muy –me miró mal- gilipollas papá, ese niño es
gilipollas.
Jeremy: ¡Esa
boca!
Lola: está
bien… bueno, que yo… solo quería decirte que me voy.
Jeremy: ¿Que
te vas a dónde?
Lola: con la
abuela, a vivir.
Jeremy: ¿qué
dices? ¿te has vuelto loca?
Lola: No. Es
más, hablé con ella ayer y me dijo que ya no ve muy bien y necesita ayuda para
cocina y para limpiar, y había pensado que yo podría ayudarle.
Jeremy: …
Lola: papá
han sido muchos cambios en poco tiempo, por favor dame un tiempo para respirar.
Jeremy:
Mañana lo hablamos tranquilamente, ¿de acuerdo?.
Lola: Vale…
buenas noches.
Jeremy:
Buenas noches hija.
Salí de la
cocina cerrando la puerta corredera detrás de mí. Y encontrándome a Danny
mirándome fijamente.
Danny: ¿Por
qué te quieres ir?
Lola: ¿qué
haces espiando?
Danny: he
preguntado yo primero.
Lola: ¿no
has escuchado el principio de la conversación? –negó- no te aguanto Danny. Esa
es la razón por la que no quiero vivir aquí, porque no quiero aguantarte, y
tampoco voy a hacer que tú me aguantes a mí.
Danny: vaya
que considerada te has vuelto de repente…
Lola: deja
la ironía porque no es lo tuyo.
Danny: si es
por lo de la habitación… puedes volver.
Lola: no
quiero, gracias.
Danny:
bueno, si quieres te puedes quedar en la de mi hermana, porque desde que se ha
echado novio en Manchester no pisa esta casa.
Lola: estoy
bien en el desván.
Danny:
¿entonces?
Lola: el problema
eres tú.
Danny:
perdona que me oponga, pero el problema eres tú, eres insoportable.
Lola: ¿yo?
No me hagas reír.
Danny: desde
que llegaste no has hecho más que dar problemas. Siempre tienes pegas para
todo, nadie te cae bien si no pertenece a tu mundo, y parece ser que ese mundo
está cerrado con llave; nunca te enfrentas a los problemas. Si hay algo que no
te gusta simplemente sales corriendo, y por no hablar de tu carácter que no
podría ser más agrio… ¿enserio piensas que sigo siendo yo el problema? Porque
quizás te vendría bien hacer un poco de auto crítica.
Se había
quedado contento el niño.
Lola: ¿has
terminado?
Danny:
Podría estar hablando toda la noche, pero te acabarías cansando.
Lola: No te
engañes, tú sola presencia ya me agota.
Danny: Pues
entonces no sé a qué esperas para largarte.
Lola: eso es
precisamente lo que quiero, pero dependo de mi padre.
Danny: pues
espero que te diga que sí para poder perderte de vista.
Lola: lo
mismo digo.
Me giré y me
fui dirección al sótano.
Danny:
¡Lola!
¿Es que
acaso tenía más ganas de seguir discutiendo?
Lola: vete a
la mierda imbécil.
Esa noche me
costó dormirme, y todo debido a la ansiedad que me provocaba saber la respuesta
que me daría mi padre sobre lo de irme de allí.