domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 2: Me voy.

Bueno, que hasta ahora no me había presentado :') Me llamo Susana (@layyysu en twitter) y... como metroblog va como el orto pues he decidido subir esta historia que empecé a escribir en verano aquí. Pues... eso que espero que os guste y que la disfrutéis aunque sea un pelín :3 kisses!



Las horas en el instituto pasaron volando. Es increíble lo divertidas que pueden llegar a ser las clases cuando pasas de la cara de la profesora y te las pasas escuchando música.

A la hora de volver a casa intento coger el turbo pero Danny me sigue de nuevo. Que pesado llegaba a ser, dios mío.

Danny: Hola –sonríe-
Lola: Ei

Mi euforia por las relaciones sociales a veces me sorprendían y todo, de lo amplia que podía llegar a ser.

Danny: Pues parece que va a llover, ¿no?
Lola: ¿Me ves cara de tía del tiempo?
Danny: Puede
Lola: Bfff….

Sigo andando pero nada, él no se rinde.

Danny: ¿Por qué eres así?

Buena pregunta.

Lola: No sé, cuando salí de la fresita de mi mamá ya era así. ¿Y tú?
Danny: Enserio.
Lola: Porque me da la gana.
Danny: No tienes motivos, creo que me porto bien contigo.
Lola: Nadie te ha dicho que lo hagas, te lo puedes ahorrar.
Danny: Eso díselo a mi madre.
Lola: Mira tío déjate de royos, si tu madre quiere que seamos “amigos” lo seremos, pero delante de ella. No me gusta ser una falsa, así que no te voy a tratar como si fueses mi hermanito del alma.
Danny: Nunca le había caído mal a nadie, ¿sabes?
Lola: Pues siéntete afortunado, porque esta experiencia no se te va a olvidar nunca.

¿PERO EL CAMINO A CASA ERA ETERNO O QUÉ?

Danny: Lo tuyo es la ironía eh.
Lola: Punto para ti. –Me pongo a aplaudir- ¡Eres muy listo!
Danny: No me hace gracia.
Lola: A mí sí.
Danny: pff….

Danny entró en casa y yo le seguí. Para mi sorpresa no había nadie, así que subí. ¿Para qué? Para encontrarme la puerta de la habitación cerrada.

Lola: ¡DANNY ABRE LA MALDITA PUERTA!
Danny: No
Lola: Eres un gilipollas –susurro-
Danny: Y tú una puta niñata.

Vaya, buen oído Jones.

Lola: CÁLLATE IMBÉCIL

Se escuchan unos pasos y un segundo más tarde me abre la puerta, pero su intención de no dejarme pasar sigue ahí.

Danny: No, cállate tú estúpida. Esta no es tu casa, ¿te acuerdas? Así que aquí las normas las pongo yo. ¿Pero tú qué te crees? Llevo dos días intentando ser simpático contigo pero tú lo único que haces es pasar de mí, y encima dejarme como una mierda. Si no quieres que te moleste, tranquila porque no lo haré. Me verás poco, te lo prometo. Pero te quiero fuera de mi habitación ya.

Todas las palabras y cosas que le quería gritar en aquel momento se acababan de quedar  en eso. En simples pensamientos que no tenían iban a salir de mi boca. Entré a su habitación y recogí lo poco que tenía en ella, ante su atenta mirada de desprecio. En aquel momento tenía de ganas de llorar, pero no le iba a dar ese gusto. Yo no lloraba delante de nadie y menos delante de un gilipollas como él.

Mi padre y Kathy no estaban. Se habían ido a pasar el fin de semana a un hotel. Así sin avisar si quiera.

¿Dónde se supone que tenía de dormir? ¿En el sofá?

Negándome rotundamente a destrozarme los huesos en ese mugriento sofá, decidí encontrar una habitación donde, al menos, poder quedarme durante esas dos noches que tardaría en decirle a mi padre que no soportaba a ese niñato.

La verdad, es que no conocía mucho la casa, por no decir nada, y buscando encontré unas escaleritas que daban a un pequeño desván. ¿Qué tipo de gente tenía un desván en casa? Eso solo formaba parte de las típicas casas americanas, pero en Inglaterra…no lo había visto en mi vida.

El caso es que entré con todas mis cosas a cuestas y me acomodé. Estaba todo manga por hombro, había un colchón apoyado en la pared, una vieja mesa de billar y un par de guitarras mancas de alguna cuerda, y todo alumbrado por unos fluorescentes medio gastados. Cabe mencionar que todo ello estaba cubierto por quilo y medio de mierda.

Durante dos largas horas me dediqué a acondicionar un poco aquello y no se me dio nada mal, ya casi se podía respirar y todo.

Subí a la planta de arriba en busca de un par de mantas para no morirme de frío en mi nueva habitación.
Como si me hubiera olido, Danny salió de su cuarto.

Danny: ¿Qué buscas?

No le hice ni caso y seguí rebuscando en los armarios de mi padre.

Danny: ¿Me has escuchado?
Lola: aquí están.

Cargue con las tres mantas polares que guardaba mi padre en su armario y sin apenas ver nada hice el intento de bajar las escaleras bajo la atenta mirada de Danny. Digo que hice el intento porque con mi torpeza no era de extrañar que en el tercer escalón cayera rodando.

Danny: ¡LOLA!

Bajó las escaleras prácticamente de un salto y con los ojos fuera de las órbitas. Yo seguía sin poder moverme.

Danny: que susto… ¿estás bien?

Me di la vuelta y le miré.

Lola: sí, las mantas han amortiguado la caída. –Sonreí-
Danny: bonita sonrisa, que pena que no la saques nunca.
Lola: sí, una pena.

Me levanté con su ayuda y cuando ya me iba a marchar me llamó.

Danny: ¡Lola!
Lola: ¿Qué?
Danny: siento lo de antes, yo…
Lola: Me voy a mi habitación.

Y le dejé ahí plantado con cara de imbécil y con el perdón en los labios. No me caía bien, y después de lo que me había dicho no iba a perder el tiempo con él.

El fin de semana pasó y por fin papá y Kathy llegaron a casa.

Lola: papá… ¿podemos hablar un segundo?
Jeremy: claro hija...

No sentamos en la mesa de la cocina y empecé mi discurso.

Lola: mira papá voy a ir al grano, no soporto a Danny, hoy he discutido con él y me ha echado de su habitación el muy –me miró mal- gilipollas papá, ese niño es gilipollas.
Jeremy: ¡Esa boca!
Lola: está bien… bueno, que yo… solo quería decirte que me voy.
Jeremy: ¿Que te vas a dónde?
Lola: con la abuela, a vivir.
Jeremy: ¿qué dices? ¿te has vuelto loca?
Lola: No. Es más, hablé con ella ayer y me dijo que ya no ve muy bien y necesita ayuda para cocina y para limpiar, y había pensado que yo podría ayudarle.
Jeremy:
Lola: papá han sido muchos cambios en poco tiempo, por favor dame un tiempo para respirar.
Jeremy: Mañana lo hablamos tranquilamente, ¿de acuerdo?.
Lola: Vale… buenas noches.
Jeremy: Buenas noches hija.

Salí de la cocina cerrando la puerta corredera detrás de mí. Y encontrándome a Danny mirándome fijamente.

Danny: ¿Por qué te quieres ir?
Lola: ¿qué haces espiando?
Danny: he preguntado yo primero.
Lola: ¿no has escuchado el principio de la conversación? –negó- no te aguanto Danny. Esa es la razón por la que no quiero vivir aquí, porque no quiero aguantarte, y tampoco voy a hacer que tú me aguantes a mí.
Danny: vaya que considerada te has vuelto de repente…
Lola: deja la ironía porque no es lo tuyo.
Danny: si es por lo de la habitación… puedes volver.
Lola: no quiero, gracias.
Danny: bueno, si quieres te puedes quedar en la de mi hermana, porque desde que se ha echado novio en Manchester no pisa esta casa.
Lola: estoy bien en el desván.
Danny: ¿entonces?
Lola: el problema eres tú.
Danny: perdona que me oponga, pero el problema eres tú, eres insoportable.
Lola: ¿yo? No me hagas reír.
Danny: desde que llegaste no has hecho más que dar problemas. Siempre tienes pegas para todo, nadie te cae bien si no pertenece a tu mundo, y parece ser que ese mundo está cerrado con llave; nunca te enfrentas a los problemas. Si hay algo que no te gusta simplemente sales corriendo, y por no hablar de tu carácter que no podría ser más agrio… ¿enserio piensas que sigo siendo yo el problema? Porque quizás te vendría bien hacer un poco de auto crítica.

Se había quedado contento el niño.

Lola: ¿has terminado?
Danny: Podría estar hablando toda la noche, pero te acabarías cansando.
Lola: No te engañes, tú sola presencia ya me agota.
Danny: Pues entonces no sé a qué esperas para largarte.
Lola: eso es precisamente lo que quiero, pero dependo de mi padre.
Danny: pues espero que te diga que sí para poder perderte de vista.
Lola: lo mismo digo.

Me giré y me fui dirección al sótano.

Danny: ¡Lola!

¿Es que acaso tenía más ganas de seguir discutiendo?

Lola: vete a la mierda imbécil.


Esa noche me costó dormirme, y todo debido a la ansiedad que me provocaba saber la respuesta que me daría mi padre sobre lo de irme de allí.

Capítulo 1: El ogro.

Jeremy: ¡Vamos Lola!
Lola: Ya voy papá

Me bajo del coche con la ayuda de mi padre, cada uno lleva dos maletas a cuestas. Son las ultimas que quedaban por traer a nuestro nuevo hogar, si es que se le podía llamar así, claro está…

Jeremy: Cariño, sube las maletas a tu habitación.
Lola: Vale.
Jeremy: Lola

Freno en seco y me giro desde el último peldaño de las escaleras. Puedo ver cómo me mira preocupado. No me ve sonreír desde hace mucho tiempo.

Lola: ¿Qué?
Jeremy: Nada.

Se rinde. Baja la cabeza y sonríe. Pero la razón de esa sonrisa no soy yo, si no Kathy y sus hijos que acaban de entrar por la puerta.


Subo a ‘mi habitación’, la cual no es únicamente mía. Me ha tocado  compartir alcoba con su hijo. Sí, la gente normal diría: ¿Cómo van a compartir dos adolescentes con 17 años habitación si tienen las hormonas revolucionadas?, pero ellos pensaron en, bueno si os digo la verdad no tengo la mínima idea de en qué estaban pensando cuando tomaron esa decisión. Lo más normal es que compartiera habitación con su hija, más que nada porque somos del mismo sexo pero no. Ellos son muy modernos, tanto que a veces asustan.
Dejo mis maletas en mi cama y me dispongo a hacerme un hueco en el armario.

Danny: Hola.
Lola: Ah, hola.

Soy borde lo sé, pero es que no me sale ser falsa con alguien que ni me cae ni me deja de caer.

Danny: ¿Quieres que te ayude a algo?
Lola: No.

Suspira, se tira en la cama y se pone los cascos. Desde aquí puedo escuchar la voz de Bruce Springsteen  pegando berridos.

Cuando termino de colocarlo todo me tumbo en mi cama, que está separada de la suya por una mesita de noche. Me mira y se quita los cascos.

Danny: Oye que si no quieres dormir aquí se lo puedo decir a mi madre eh, que no quiero que estés incomoda ni nada.
Lola: No te preocupes.
Danny: Am, vale.

Dos minutos después intenta sacar tema de conversación, de nuevo.

Danny: Este año te ha tocado en el B, no?
Lola: Sí.
Danny: Pues entonces iremos juntos.
Lola: Genial. –Eso lo digo en tono irónico y él parece no pillarlo porque sonríe-
Danny: Te puedo presentar a unos amigos si quieres.
Lola: ¿A los de tu grupo? No gracias.
Danny: Tampoco somos tan malos. –sonríe.-
Lola: Ya.

Al ver que no tiene nada que hacer baja a cenar. Mi padre me llama pero yo le hago caso sumiso porque no tengo ganas de otra cenita familiar.

A la mañana siguiente me levanto con el despertador de Danny, y ni me ducho, porque como ahora somos una familia numerosa hay ostias para meterse en la ducha así que me pongo lo primero que veo, me hago una coleta y me lavo los dientes en el lavaplatos de la cocina. Triste, pero real.

Me despido de mi padre y de su novia con un modesto ‘Hasta luego’ y me voy.

Al llegar al instituto entro en clase seguida de Danny que ha ido todo el camino pisándome los talones.
La mañana pasa lenta. Se hace dura y pesada pero por fin es la hora de salir. Lo mejor es que no tengo deberes y al llegar a casa me podré tirar en la cama, lo peor en cambio, es que no creo que pueda descansar mucho ya que Danny y sus amiguitos vienen también.

Entro y gracias a dios ni mi padre ni Kathy, se dan cuenta de mi presencia por lo que subo a mi habitación corriendo escalones arriba, intentando evadirme un poco de la presencia de los demás. Pero me da la sensación de que en esta casa nunca podré estar sola.

Danny: ¡PASAD CAPULLOS! –Entran los cuatro a la habitación como  auténticos buitres.- mirad esta es mi hermanastra, Lola.
Dougie: Vaya nombre jajajajajaja –el gilipollas se comienza a reír-
Danny: Tú te callas porque tu nombre no es que se sea muy bonito.

Comienzan a pegarse como idiotas y yo salgo de ahí pegando un portazo. ¿Tanto pido? Solo un puto rato de silencio, joder. Me encierro en el lavabo y allí me paso horas y horas, hasta que mi padre me avisa para la cena, pero una vez más paso de cenas familiares. No me apetecía.

Mientras ellos cenaban, yo aproveché para entrar a mi habitación y ponerme el pijama.

Lola: Pero qué pollas… -El olor a porro es insufrible, así que me abro la ventana. Me la pela que estemos en noviembre.-

Cuando pasa un rato decido bajar a la cocina a por un poco de agua, pero lo que me encuentro me hace no querer cruzar la barrera entre la cocina y la entrada.

Danny: Joder que no mamá, que lo he intentado pero ella no pone de su parte.
Kathy: Pero ahora forma parte de la familia Danny, tienes que hacer que se sienta cómoda.
Danny: Una persona con ese carácter nunca puede estar cómoda viviendo con gente. Es como un ogro –Los dos ríen y yo me sofoco.- o incluso peor.
Kathy: Va Danny no seas así, inténtalo, ¿vale?.

Paso de escuchar su respuesta. Me subo arriba y me tiro en mi cama, a los pocos minutos entra Danny.

Danny: ¿Ya te vas a dormir?
Lola: Sí.
Danny: Ahmm…
Lola:
Danny: ¿Te han caído bien mis amigos?
Lola: ¿Hace falta que te responda?
Danny: Sí.
Lola: No.
Danny: ¿No qué?
Lola: Que no me han caído bien, ¿contento?
Danny: ¿Por qué no?
Lola: ¿Tú nunca te callas?
Danny: ¿Y tú siempre eres así de simpática?
Lola: Buenas noches Danny.


Me giro y cierro los ojos. Esperando que mañana sea un día mejor. Que abra los ojos y me despierte en una habitación sola. Sin ruidos, ni a ningún imbécil que me incordie. Pero no es así, a la mañana siguiente me despierto de nuevo gracias al despertador de mi compañero de habitación y me meto en la ducha. Hoy sí. Porque me daba a mí la gana. 

viernes, 27 de septiembre de 2013

Introducción.


Estoy segura que todas vosotras alguna vez habéis pensado en cómo sería tener la vida de una princesa Disney. Despertar con un beso de amor como La Bella durmiente, ser la más guapa del reino como Blancanieves, ser rescatada de una torre como Rapunzel, y muchas más. Pero… ¿Qué pasa cuando sin quererlo naces siendo Cenicienta? ¿Cuándo no le importas a nadie? ¿Cuándo no hay fiesta que acabe a las doce? ¿Cuándo no existen príncipes a los que conquistar?. Pues que va a pasar…nada.

Pues así es mi vida. Una vida de mierda.

Mis padres se separaron hace ya seis años y mi madre se fue a vivir a Irlanda con su nuevo marido y las hijas de este. No se marchó sin antes dejarme claro  que yo le quedaba grande en su nueva vida, por lo que con tan solo once años me tocó mudarme con mi padre a Essex, donde vivía mi abuela, con la que hemos estado viviendo hasta ahora. Digo hasta ahora porque hoy nos volvemos a mudar de nuevo, ¿la razón? La novia de mi padre. Kathy.

Es una mujer muy simpática y que también ha sufrido bastante en el amor. Mi padre y ella hacen la pareja perfecta y solo con verle sonreír se me olvidan todas las penas, pero lo malo llega cuando yo tengo que compartir mi vida, mi día a día, mi todo…con ella y con su odioso hijo. Eso no me gusta. Es más, lo odio.